En una entrevista con la revista TIME del 28 de septiembre de 2026, Donald Trump descartó nacionalizar los grandes laboratorios de IA, pero no descartó que el Gobierno de Estados Unidos tome participaciones minoritarias en OpenAI y Anthropic, siguiendo el modelo de la compra del 9,9% de Intel en 2025. No hay ningún acuerdo ni condiciones anunciadas. OpenAI lleva más de un año proponiendo ceder alrededor de un 5% al Estado; Anthropic niega estar negociando. La medida acerca a EE. UU. a una política industrial con el Estado como accionista, pero sigue habiendo diferencias de fondo con el capitalismo de Estado chino.

Qué ha dicho exactamente Trump

Los periodistas de TIME preguntaron a Trump si nacionalizaría los laboratorios de IA más avanzados. Respondió que no. Cuando le preguntaron por qué el Gobierno no tomaba participaciones en ellos, como había hecho con Intel, contestó que tal vez podría hacerlo. Presumió de que la participación en Intel ya había generado al Estado decenas de miles de millones de dólares en revalorización, aunque sin detallar cómo hacía el cálculo.

No anunció negociaciones, porcentajes ni financiación. Es una posibilidad abierta, no una decisión. Pero encaja en una tendencia que lleva más de un año en marcha.

El precedente: el Estado como accionista

Desde 2025, la Administración Trump ha convertido la participación accionarial del Estado en una herramienta habitual de política industrial:

CasoQué hizo el Gobierno
Intel (agosto de 2025)8.900 millones de dólares por 433,3 millones de acciones, un 9,9% del capital. Participación pasiva, sin puesto en el consejo ni derechos de gobierno, más una opción de compra de otro 5% en determinadas condiciones.
U.S. Steel (2025)Una "acción de oro" que da al Gobierno capacidad de veto sobre decisiones estratégicas como condición para la compra por parte de Nippon Steel.
Minerales críticos (2025)Participaciones en empresas de tierras raras y litio, como MP Materials y Lithium Americas, para reducir la dependencia de China.
Nvidia y AMD (2025)Acuerdo por el que el Gobierno se queda un porcentaje de los ingresos de ciertas ventas de chips a China.

OpenAI quiere; Anthropic, no

La posición de las dos empresas es muy distinta. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, planteó la idea a Trump a principios de 2025, y la empresa la formalizó en abril de 2026 en un documento de política industrial titulado "Industrial Policy for the Intelligence Age". La propuesta consiste en que OpenAI done acciones al Estado, en lugar de venderlas, para crear un fondo público de riqueza que reparta entre los ciudadanos parte de los beneficios de la IA. Según el Financial Times, el porcentaje discutido rondaba el 5%.

Anthropic, en cambio, ha negado tener conversaciones con la Administración sobre ceder participaciones. Ambas empresas preparan además su salida a bolsa, lo que añade una pregunta incómoda: qué peso tendría un Estado que es a la vez accionista, cliente y regulador.

Un raro consenso entre izquierda y derecha

La idea no es exclusiva de la derecha. El senador Bernie Sanders ha ido mucho más lejos: propone que el Estado se quede con el 50% del capital de OpenAI, Anthropic y xAI mediante un impuesto único pagado en acciones. Desde el entorno de Trump, Steve Bannon también ha defendido participaciones públicas más altas. En sentido contrario, David Sacks, exasesor de la Casa Blanca para IA y criptomonedas, advirtió de que este tipo de medidas aceleran una fusión entre grandes empresas y Gobierno. Ese consenso inusual entre extremos es, en sí mismo, una señal de cambio de época.

¿Se acabó el neoliberalismo?

Depende de a quién se pregunte. Los críticos sostienen que un Gobierno que compra acciones de empresas sanas, cobra comisiones sobre exportaciones privadas y exige acciones de oro ya no practica el libre mercado que Estados Unidos defendió durante décadas, sino una forma de capitalismo de Estado. Sus defensores responden que es política industrial al servicio de la seguridad nacional, en un contexto de competencia directa con China por los chips, los minerales críticos y la IA, y que el contribuyente también debe beneficiarse de empresas que crecen gracias al apoyo público.

Conviene recordar que no es la primera vez que Washington se convierte en accionista. Tras la crisis de 2008, el Tesoro llegó a controlar la mayoría del capital de General Motors y de la aseguradora AIG. La diferencia es que aquellas eran operaciones de rescate, temporales y en empresas al borde de la quiebra. Lo nuevo es que el Estado entre en empresas solventes y en crecimiento, y lo haga por motivos estratégicos y no de emergencia.

Diferencias y parecidos con el modelo chino

La pregunta de fondo es si EE. UU. se está acercando al modelo de China. Hay similitudes reales, pero también diferencias estructurales importantes.

AspectoEE. UU. (2025-2026)China
Peso del EstadoParticipaciones minoritarias en un puñado de empresasGrandes empresas estatales dominan banca, energía, telecomunicaciones e infraestructuras
ControlParticipaciones pasivas, sin voto (Intel), con alguna acción de oroComités del Partido Comunista dentro de las empresas y "acciones de gestión especial" en tecnológicas privadas
CréditoLo asignan bancos privadosLa banca estatal dirige el crédito hacia sectores prioritarios
Origen de los acuerdosNegociados; en el caso de OpenAI, propuestos por la propia empresaA menudo impuestos por el Estado
Límites legalesTribunales independientes, Congreso y protección constitucional de la propiedadEl Estado puede requisar o expropiar activos en caso de movilización, según su nueva ley de defensa
Elección de sectores estratégicosChips, minerales críticos e IAChips, minerales críticos e IA

El parecido más claro está en la última fila: ambos países han decidido qué sectores son estratégicos y usan al Estado para asegurarse el control sobre ellos. Las "acciones de gestión especial" chinas, pequeñas participaciones con derechos especiales que el Estado ha tomado en tecnológicas como la filial nacional de ByteDance, recuerdan a la acción de oro de U.S. Steel. Las diferencias, en cambio, son de escala y de contrapesos: en Estados Unidos el Estado sigue siendo un accionista minoritario dentro de un sistema con tribunales independientes, mientras que en China las empresas operan bajo el control del Partido y con un marco legal que, como se explica en el análisis de la nueva Ley de Movilización de la Defensa Nacional, permite expropiar activos en caso de movilización.

La pregunta abierta es la dirección del movimiento. Una participación pasiva del 5% no convierte a EE. UU. en China. Pero la acumulación de participaciones, acciones de oro y comisiones sobre ventas privadas sí indica un cambio de rumbo respecto al consenso de libre mercado de las últimas décadas. El contexto del modelo chino se desarrolla en el artículo sobre el modelo económico chino.

El conflicto de intereses: accionista y regulador a la vez

El riesgo práctico más señalado es el conflicto de intereses. Un Gobierno con acciones en OpenAI ganaría dinero cuando la empresa crece, mientras regula la seguridad de la IA y decide qué empresas obtienen contratos públicos. Esto adquiere especial relevancia en plena discusión sobre si ralentizar el desarrollo de la IA, como se analiza en el artículo sobre la petición de Amodei, Altman y Musk. Un Estado accionista tendría un incentivo financiero directo para que esa carrera no se frene.

Qué significa para el inversor

Si OpenAI y Anthropic salen a bolsa con el Estado como accionista, ganarán un socio poderoso, pero también un riesgo político: sus decisiones pueden quedar condicionadas por objetivos que no son los de los demás accionistas. Para quien se fija en la soberanía financiera, el episodio ilustra una tendencia más amplia: la línea entre Estado y gran empresa se vuelve cada vez más difusa, también en las economías que hasta hace poco se presentaban como el modelo opuesto a China.

Fuentes: entrevista de TIME a Donald Trump (28 de septiembre de 2026), The Next Web, Il Sole 24 Ore, TokenPost, CNBC, Financial Times (vía Yahoo Finance) y TechCrunch. Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento financiero.