Renta fija y renta variable son los dos grandes bloques sobre los que se construye casi cualquier cartera de inversión tradicional, pero muchos inversores principiantes nunca han recibido una explicación clara de qué significan realmente estos términos ni por qué se comportan de forma tan distinta. Esta guía lo explica desde cero.

Qué es la renta fija

La renta fija engloba los instrumentos de deuda: cuando compras un bono, básicamente le estás prestando dinero a quien lo emite (un gobierno, en el caso de la deuda soberana, o una empresa, en el caso de bonos corporativos), a cambio de recibir pagos de interés periódicos predefinidos (el cupón) y la devolución del capital prestado en una fecha de vencimiento acordada de antemano. El término "fija" hace referencia a que, salvo impago del emisor, sabes de antemano exactamente cuánto vas a recibir y cuándo.

Qué es la renta variable

La renta variable son las acciones: cuando compras una acción, te conviertes en propietario parcial de esa empresa, con derecho a una parte proporcional de sus beneficios futuros (si los reparte en forma de dividendos) y de su valor de mercado. A diferencia de la renta fija, no existe ninguna promesa de rendimiento predefinido: el valor de una acción fluctúa según el rendimiento real de la empresa, las expectativas del mercado sobre su futuro, y las condiciones económicas generales, lo que explica el término "variable".

Por qué se comportan de forma tan distinta

La diferencia fundamental de riesgo entre ambas clases de activo se explica por su posición en la estructura de capital de una empresa o de un Estado. Los tenedores de bonos tienen prioridad de cobro frente a los accionistas: si una empresa entra en dificultades financieras o quiebra, primero se paga a los acreedores (bonistas) y solo con lo que quede, si queda algo, se compensa a los accionistas. Esta prioridad de cobro es la razón estructural por la que la renta fija se considera, en términos generales, menos arriesgada que la renta variable, y por qué suele ofrecer una rentabilidad esperada menor a cambio de esa mayor seguridad relativa.

Cómo reacciona cada una a los tipos de interés

Un principio que sorprende a muchos principiantes: el precio de los bonos existentes se mueve de forma inversa a los tipos de interés. Cuando los tipos suben, los bonos ya emitidos con cupones más bajos se vuelven menos atractivos comparados con los nuevos bonos que sí ofrecen esos tipos más altos, lo que hace caer su precio de mercado. Cuando los tipos bajan, ocurre lo contrario. Este mecanismo explica por qué, en 2022, cuando los principales bancos centrales subieron tipos agresivamente para combatir la inflación, los bonos sufrieron caídas de precio históricamente inusuales para lo que se considera un activo "seguro".

El comportamiento durante distintos escenarios económicos

En términos generales y con importantes excepciones históricas, la renta variable tiende a comportarse mejor durante períodos de crecimiento económico y expectativas optimistas, mientras que la renta fija de alta calidad tiende a ofrecer mayor protección durante recesiones y períodos de aversión al riesgo, cuando los inversores buscan refugio en activos más predecibles. Esta relación inversa, aunque no es constante ni garantizada (como demostró el propio 2022, cuando ambas cayeron simultáneamente), es la base de la diversificación tradicional entre ambas clases de activo.

Los distintos tipos dentro de cada categoría

Dentro de la renta fija existen gradaciones importantes de riesgo: la deuda pública de países con alta calidad crediticia (como Alemania) se considera de bajo riesgo, mientras que los bonos corporativos de alto rendimiento (high yield, coloquialmente conocidos como "bonos basura") ofrecen cupones más altos precisamente porque asumen un riesgo de impago considerablemente mayor. Dentro de la renta variable, existen distinciones similares entre acciones de empresas grandes y establecidas (menos volátiles en general) y acciones de empresas pequeñas o de crecimiento (potencialmente más rentables pero también más volátiles).

Cómo combinarlas según tu perfil

La proporción entre renta fija y renta variable en una cartera debería reflejar principalmente tu horizonte temporal y tu tolerancia a la volatilidad, no una fórmula universal. Quien tiene décadas por delante antes de necesitar ese capital puede permitirse una proporción mayor en renta variable, aceptando su volatilidad de corto plazo a cambio de su mayor rentabilidad esperada a largo plazo. Quien se acerca a necesitar ese capital (por ejemplo, cerca de la jubilación) suele beneficiarse de aumentar gradualmente la proporción de renta fija, priorizando la preservación de capital sobre el crecimiento adicional.

Dónde encaja Bitcoin en esta clasificación tradicional

Bitcoin no encaja limpiamente en ninguna de las dos categorías tradicionales: no genera un flujo de pagos predefinido como la renta fija, ni representa la propiedad de un negocio con beneficios futuros como la renta variable. Suele clasificarse, junto con el oro y otras materias primas, dentro de una tercera categoría más amplia de "activos alternativos" o "activos de reserva de valor", cuyo comportamiento y correlación con la renta fija y variable tradicionales sigue siendo objeto de estudio y debate activo entre analistas financieros.