De todos los escenarios macroeconómicos posibles, la estanflación es probablemente el que más incomoda a los responsables de política económica, porque las herramientas tradicionales para combatir cada uno de sus dos componentes (inflación alta y crecimiento estancado) tienden a agravar al otro. Esta guía explica qué es, por qué es tan difícil de combatir, y qué lecciones dejó el episodio histórico más citado.

Qué es exactamente la estanflación

La estanflación combina tres síntomas simultáneos que normalmente no se esperaría ver juntos: inflación elevada, crecimiento económico estancado o negativo, y desempleo elevado. La teoría económica keynesiana tradicional, dominante hasta los años 70, asumía que existía una relación inversa estable entre inflación y desempleo (conocida como la curva de Phillips): más inflación debería coincidir con menos desempleo, y viceversa. La estanflación rompe esa relación esperada, presentando ambos problemas simultáneamente.

La crisis del petróleo de los 70: el episodio de referencia

El ejemplo histórico más estudiado de estanflación ocurrió en Estados Unidos y buena parte del mundo desarrollado durante los años 70, desencadenado en gran medida por los embargos petroleros de la OPEP en 1973 y 1979, que dispararon el precio de la energía de forma abrupta. La inflación estadounidense superó el 13% anual en ciertos momentos de esa década, mientras el desempleo alcanzaba simultáneamente niveles considerados muy elevados para la época, y el crecimiento económico se estancaba.

Por qué es tan difícil de combatir: el dilema de política

Frente a una inflación alta convencional, la herramienta estándar de un banco central es subir tipos de interés para enfriar la demanda agregada. Pero subir tipos también enfría el crecimiento económico y puede empeorar el desempleo, exactamente los otros dos problemas que ya están presentes en la estanflación. Frente a un crecimiento estancado y desempleo alto convencional, la herramienta estándar sería bajar tipos para estimular la actividad económica, pero eso alimentaría aún más la inflación ya elevada. La estanflación deja al banco central sin una herramienta de política monetaria que pueda resolver los tres problemas simultáneamente sin empeorar alguno de ellos.

Cómo se resolvió en los años 80: la medicina de Volcker

Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal a partir de 1979, tomó la decisión de subir agresivamente los tipos de interés hasta niveles que hoy resultan casi inconcebibles (superiores al 19% en su pico), aceptando de forma deliberada una recesión severa a corto plazo como el precio necesario para romper las expectativas inflacionarias arraigadas en la economía. Esta política, extremadamente impopular en su momento, consiguió finalmente reducir la inflación de forma duradera, sentando las bases para las décadas de inflación relativamente moderada que siguieron en Estados Unidos.

El papel de las expectativas: la lección más importante

Uno de los aprendizajes más influyentes de este episodio histórico fue el papel central de las expectativas inflacionarias: cuando los trabajadores y las empresas esperan que la inflación siga siendo alta, negocian salarios y fijan precios en consecuencia, lo que genera una espiral que se retroalimenta a sí misma independientemente de las condiciones económicas subyacentes reales. Romper esa expectativa arraigada requirió una demostración de credibilidad muy costosa por parte de la Fed, y ese aprendizaje sigue influyendo profundamente en cómo los bancos centrales modernos comunican y ejecutan su política monetaria.

¿Es la estanflación un riesgo real en 2026?

Varios economistas han señalado similitudes preocupantes entre las condiciones actuales de mediados de los años 2020 y las de los años 70: shocks de oferta relacionados con la energía y las cadenas de suministro globales, tensiones geopolíticas que afectan a materias primas clave, y niveles de deuda pública muy elevados que limitan el margen de maniobra fiscal. Al mismo tiempo, existen diferencias estructurales relevantes: los bancos centrales actuales tienen décadas más de experiencia y credibilidad institucional acumulada en el control de la inflación, y las economías desarrolladas dependen hoy menos del petróleo como proporción de su actividad económica total que en los años 70.

Cómo protegerse ante un escenario de estanflación

La estanflación es uno de los entornos macroeconómicos más difíciles para casi cualquier tipo de activo financiero: los bonos sufren por la inflación alta, las acciones sufren por el crecimiento estancado, y el efectivo pierde valor real por la propia inflación. Históricamente, los activos que mejor han resistido este tipo de entorno han sido las materias primas, el oro, y en el contexto contemporáneo, activos con propiedades de escasez similares como Bitcoin, precisamente porque su valor no depende del crecimiento económico corporativo ni de flujos de caja futuros descontados, dos factores que se deterioran especialmente durante la estanflación.